TRAS LAS HUELLAS DE CLARET EN CUBA

TRAS LAS HUELLAS DE CLARET EN CUBA

AUTOBIOGRAFIA DE SAN ANTONIO MARIA CLARET

Capítulo III
De las Misiones de Puerto Príncipe, Manzanillo, San Fructuoso y Bayamo

525. Al llegar a Puerto Príncipe, la primera cosa que hice fue dar ejercicios al Clero. A fin de no quedar las parroquias desprovistas, los hice en dos tandas; alquilé una casa grande, y en la misma casa en que vivía reuní de una vez veinte, y de otra diecinueve; y conmigo comían y vivían en la misma casa día y noche, y tenían el tiempo distribuido en lecturas, meditaciones, rezo del oficio divino y pláticas, que yo dirigía. Todos hicieron su confesión general, escribieron su plan de vida y todo se arregló.

526. Después del Clero me dirigí al pueblo, y a la vez se hacía Misión en tres puntos distintos para la mayor comodidad de las gentes, pues que esta Ciudad tiene más de una legua de largo. Dispuse que D. Lorenzo San Martí y D. Antonio Barjau hicieran la Misión en la Iglesia de Na Sa de la Caridad, que se halla en un extremo; en la de Santa Ana, que se halla en el extremo opuesto, la hiciera D. Manuel Vilaró, y yo me encargué de la Misión del centro en la Iglesia de Na Sa de las Mercedes, que es la Iglesia más capaz de la Ciudad. Esta misión duró dos meses, agosto y septiembre; y nadie podrá explicar el fruto que se hizo, Dios mediante. También pasé la visita en las Parroquias, que son seis en la Ciudad, y a las otras Iglesias.

527. De Puerto Príncipe pasé a Nuevitas, en que también hicimos Misión, en el Bagá, y San Miguel, San Jerónimo, y luego volvimos a Puerto Príncipe, en que estuvimos por las fiestas de Navidad; Cantamos Maitines y Misa del Gallo con toda la solemnidad en la Iglesia de la Soledad. Aquí cayó enfermo del vómito D. Antonio Barjau; llegó muy mal, pero se curó perfectísimamente, gracias a Dios. Fuimos misionando, confirmando y visitando hasta la semana de pasión, que de parroquia en parroquia llegamos a Cuba; hicimos todas las funciones de Semana Santa con grande solemnidad, ensayando bien antes a todos los sacerdotes que habían de funcionar en los santos óleos y demás.

528. A los últimos de abril yo salí de Santiago y me dirigí a la Ciudad de Manzanillo con dos sacerdotes, y los demás todos iban misionando en diferentes puntos. En Manzanillo empecé por el mes de mayo; predicaba cada día y con mucha frecuencia. Sin saber cómo, predicando se me escapaba la expresión de que dentro de poco vendrían grandes terremotos. De Manzanillo pasamos a la Parroquia de San Fructuoso, y en todas partes se hacía lo mismo: se confesaba, predicaba, confirmaba y casaba. De aquí pasamos a la Ciudad de Bayamo; empecé la Misión, y también se hacía lo que en las demás poblaciones. Di ejercicios al Clero, predicaba todos los días, confesaba y confirmaba, hasta el día 20 de agosto de 1852, en que a las 10 de la mañana, estando en la capilla del Sacramento o de Dolores, sentí el terremoto, que se fue repitiendo todos los días.

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