Irradia, emisión del 19 de julio de 2020

Irradia, emisión del 19 de julio de 2020

Transmitido por RCJ, el Sonido de la Esperanza
Programa Radial de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba
Domingo XVI del Tiempo Ordinario

Escuchar aquí:

“No, que, al arrancar la cizaña, podrían arrancar también el trigo. Déjenlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla, y el trigo almacénenlo en mi granero”

Saludos a todos los que nos acompañan en este día en que venimos a compartir la fe con nuestra comunidad.

Bienvenidos a este encuentro fraternal con la iglesia toda, como cuerpo místico de Jesús.

Irradia está contigo, irradiando la fe.
(Música, Busco Señor ese Reino, Acrisolada)

En esta mañana nos acompaña el padre Rafael Ángel López Silvero, párroco de la Santa Basílica Metropolitana Iglesia Catedral de Santiago de Cuba.

“Sé propicio Señor con tus siervos, y multiplica bondadosamente sobre ellos los dones de tu gracia, para que fervorosos en la fe la esperanza y la caridad, perseveren siempre en el cumplimiento de tus mandatos”

Bienvenidos, buenos días, buenas tardes, buenas noches dondequiera que se encuentren. Gracias por estar presentes y podernos encontrar una vez más. Ahora vamos a escuchar con atención la proclamación del Santo Evangelio según San Mateo, en el capítulo 13, en los versículos del 24 al 43.

(Lectura del evangelio de San Mateo, capítulo 13, 24-43)

La liturgia nos propone reflexionar sobre la paciencia de Dios. En este mundo tan impaciente, en este mundo en que queremos que las cosas sean de ahora para ahora, en el que el tiempo nos parece poco, en el que nos impacientamos con tanta facilidad. La liturgia nos propone reflexionar sobre la paciencia de Dios.

Cuando leemos la Sagrada Escritura, si la leemos con cuidado, detenidamente, reflexivamente, nos damos cuenta que es como la historia de la paciencia de Dios; como a lo largo de la historia de la salvación, Dios pacientemente, se ha ido revelando, se nos ha ido dando a conocer, nos ha ayudado a rectificar el camino, nos ha dado una nueva oportunidad cada vez que la hemos necesitado, ha escuchado a aquellos que han intercedido cuando parecía que la ira del Señor se iba a encender ante la dureza del corazón de su pueblo.

En la primera lectura tomada del libro de la Sabiduría nos dice “eres misericordioso con todos” refiriéndose al Señor, “juzgas con misericordia y nos gobiernas con delicadeza, con todo esto has enseñado a tu pueblo que el justo debe ser humano, y has llenado a tus hijos de una dulce esperanza, ya que al pecador le das tiempo para que se arrepienta” El Señor es paciente, y nos invita a nosotros, a ser pacientes como él lo es con nosotros. ¿Por qué nos sentimos alegres? Porque el Señor es paciente, porque a pesar de mis caídas, porque a pesar de que mi corazón se mantiene duro, el Señor sigue insistiendo, sigue tocando, sigue llamando, sigue dándome una nueva oportunidad.

Pero qué difícil se nos hace tener la misma actitud con los demás. Entonces el Señor nos dice “si Yo soy paciente, entonces tú también tienes que ser paciente con tu hermano, que no quiere decir que no lo guíes, que no le llames la atención cuando es necesario, pero como hemos escuchado en el libro de la Sabiduría, con delicadeza, como actúa el Señor con nosotros. La paciencia que es fruto del amor, el amor es el que nos hace ser pacientes, cuando amamos a alguien, cuando amamos sinceramente, cuando amamos desde lo profundo del corazón, entonces tenemos paciencia; entonces somos capaces de acompañar, de dar la mano, de ayudar a poner en pie, de comenzar una y otra vez, de dar siempre una nueva oportunidad.

La paciencia nace del amor, por eso Dios es paciente, porque Dios es amor, porque no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Por eso nos envía el Espíritu Santo, para que nos ilumine, para que nos fortalezca, para que nos ayude a aprovechar este tiempo, que es el único que tenemos, el tiempo de Dios para nosotros ahora, para que no llegue el momento en que se nos venza el tiempo y entonces digamos “Señor, Señor” y ya no habrá oportunidad, no porque el Señor no quiera, sino porque nosotros no hemos querido, porque hemos dejado transcurrir el tiempo, y no hemos aprovechado la oportunidad que Dios nos da.

Esa paciencia de Dios que, en el Evangelio de hoy, en la parábola del trigo y la cizaña, nos hace pensar que Dios espera incluso que la cizaña se pueda convertir en trigo. Por eso cuando van a decirle al Señor “vamos a arrancar la cizaña”, les dice no “vamos a dejar crecer el trigo y la cizaña juntos, al final cuando vayamos a cosechar, cuando llegue ya el fin del tiempo, entonces arrancaremos la cizaña, la amararemos en gavillas y las haremos arder, porque ya no servirán para otra cosa”, pero mientras haya oportunidad, no arranquemos la cizaña porque podemos arrancar también el trigo. Pero también pudiera ser, que no le demos oportunidad a la cizaña de convertirse en trigo ¿Imposible? Claro, para nosotros sí, ¿pensar que la cizaña se puede convertir en trigo? Para nosotros, sí, pero para Dios no hay nada imposible. Dios es el que nos hace esperar contra toda esperanza, sin descuidarnos, pero seguro que para Dios nada hay imposible. Ni que un cobrador de impuesto se convierta en uno de sus colaboradores cercanos, ni que un perseguidor de la Iglesia se transforme en constructor de comunidades cristianas.

Entonces hermanos, demos gracias a Dios por esa infinita paciencia que tiene contigo, conmigo, con todos; con esa oportunidad que nos da de convertir esa cizaña en trigo, poder dar frutos y frutos abundantes.

Que tengan una buena semana.

Y no quiero terminar si na provechar para felicitar a todos aquellos que llevan el nombre de Carmen, de Carmelo, pues el jueves pasado fue la fiesta de Nuestra Señora del Carmen, una advocación muy extendida, de manera particular en América Latina, también en España. Entonces felicidades a todos los que llevan ese hermoso nombre, que el Señor los bendiga y la Virgen losa acompañe.

(Música, Pescador de hombres, Acrisolada)

Les invito a hacer un momento de silencio para ponernos en oración. Juntos presentemos confiados a Dios nuestras peticiones.

Después de cada una de las peticiones oramos diciendo: Te lo pedimos, Señor

Por el Papa, los obispos, sacerdotes y diáconos, religiosos y religiosas, y todo el pueblo de Dios, para que siempre sea fiel a lo que proclama, a lo que enseña y a lo que cree, oremos: Te lo pedimos, Señor

Por los gobernantes, para que trabajen siempre por el bienestar, la justicia y la paz de toda la humanidad, oremos: Te lo pedimos, Señor

Por los enfermos y sus familias, en especial los que padecen la Covid-19, y también los que están en cuarentena, para que miren el futuro con confianza y eso les ayude en su proceso de recuperación, oremos: Te lo pedimos, Señor

Por todas las personas que trabajan para mantener limpios y saneados nuestros pueblos y ciudades, para se mantengan firmes en su empeño de ayudar con su trabajo a la salud de todos, oremos: Te lo pedimos, Señor

Por los que más necesitan de nuestra atención y nuestra oración, los ancianos, las personas que viven solas, los discapacitados, para que cuenten siempre con la oración y el gesto solidario y oportuno de los que le rodean, oremos: Te lo pedimos, Señor

Por los médicos, enfermeras y técnicos, y todo el personal vinculado a la salud, también por los que trabajan en el campo de la investigación científica, para que no decaigan en su empeño de servir para el bienestar y la salud de sus semejantes, que tanto esperan y necesitan de ellos, oremos: Te lo pedimos, Señor

Pidamos también por la ciudad y la Arquidiócesis de Santiago de Cuba, que se prepara a celebrar su Fiesta Patronal, para que Santiago Apóstol, a quienes han sido encomendadas, les dé, nos de la fuerza para vivir conforme a la voluntad de Aquél que nos ha llamado y nos ha enviado a ser testigos suyos en medio de nuestros hermanos, oremos: Te lo pedimos, Señor

Les invito a presentar en silencio, desde sus hogares una oración, oremos: Te lo pedimos, Señor

Ahora hermanos juntos como hermanos, oremos con la misma oración que el Señor Jesús nos enseñó.

Padre nuestro que estás en los cielos,

santificado sea tu nombre.

Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad,

así en la tierra como en el cielo.

Danos hoy el pan de cada día.

Perdónanos nuestras ofensas,

Como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden.

No nos dejes caer en tentación,

Y líbranos del mal. Amén 

Y que la bendición de Dios todo poderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre todos ustedes, sus familiares y sus amigos, y los acompañe siempre. Amén

Les habla el padre Rafael Ángel López Silvero, párroco de la Catedral de Santiago de Cuba. 

Con mucho gusto hemos realizado este programa para ustedes desde la Oficina de Medios de Comunicación Social, de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba.

Es la voz de la Iglesia santiaguera que se levanta para estar contigo… IRRADIA 

(Música, Dejad que el grano se muera, Acrisolada)

SHARE IT:

Leave a Reply